por Brian Tomasik
Primera versión: 3 Feb. 2015; última actualización: 8 Jun. 2015
Traducido por Goizane Butron Barroso y Manu Herrán. Mar 2016

Resumen

Existe una posibilidad razonable de que los insectos tengan un cierto grado de consciencia y puedan experimentar sufrimiento. Dado el número de insectos que cada uno de nosotros puede dañar o ayudar según las decisiones que tomemos, la consideración del sufrimiento de los insectos debería jugar un rol significativo en nuestras acciones. Por ejemplo, en general deberíamos evitar comprar seda y goma laca, evitar conducir especialmente cuando las carreteras están mojadas, y minimizar las caminatas por la hierba o por el bosque. La mayor parte del sufrimiento de los insectos se debe a causas naturales como la depredación, el parasitismo, los daños físicos y la deshidratación. Deberíamos alentar la preocupación por el sufrimiento de los insectos salvajes e investigar las formas en las que las políticas medioambientales humanas pueden reducirlo. Nuestros descendientes deberían también pensarlo dos veces antes de fomentar la propagación de insectos y de otras criaturas parecidas a los insectos en nuevos ámbitos, lo cual podría multiplicar considerablemente el sufrimiento.

Introduction

Los monjes de la religión jainista son conocidos por su compasión hacia todas las criaturas. Andan cuidadosamente para evitar pisar insectos y llevan telas sobre sus bocas para no tragar moscas accidentalmente.

¿Pero pueden realmente los insectos sufrir por ser aplastados o inhalados? ¿O son estas prácticas meras reliquias de una visión del mundo pre-científica?

Este artículo revisa algunas de las pruebas de que los insectos pueden de hecho ser conscientes y sentir dolor, al menos hasta cierto punto. Después considera las implicaciones de tomarse en serio el bienestar de los insectos, incluyendo el bienestar de los insectos en la naturaleza. A pesar de que la mayor parte de nosotros no irá tan lejos como los monjes jainistas, hay algunas vías sencillas mediante las cuales podemos reducir el sufrimiento de los insectos.

Los insectos pueden reaccionar de forma aversiva

La primera pregunta que tenemos que responder es: ¿Cómo responden los insectos a sucesos dañinos o potencialmente dañinos?

Tal y como la mayor parte de nosotros ha visto por propia experiencia, los insectos tratan de escapar si los tocamos o a veces incluso si nos acercamos a ellos. Forcejean si están atrapados, dados la vuelta o apresados en una tela de araña.

Los insectos tienen numerosos sistemas sensoriales, incluyendo visión, olfato, gusto, tacto, temperatura y humedad. Mientras que a veces se afirma que los insectos carecen de sensores de dolor, éstos han sido descubiertos en algunas especies de insectos, incluyendo las moscas de la fruta. E incluso los insectos que específicamente carecen de sensores de dolor aún podrían responder de forma aversiva a otros tipos de estímulos.

Los insectos muestran reacciones negativas, entre otras cosas, a:

Como en los humanos, los opiáceos pueden influir en la respuesta de los insectos al dolor. Se ha observado que los grillos eran más lentos para escapar de una caja caliente cuando se les daba morfina, y este efecto era bloqueado si se daba a los grillos el fármaco anti-opiáceo naloxone. El efecto de la morfina se reducía a lo largo del tiempo (tolerancia al fármaco), y cuando tras cuatro días de administración se detenía la morfina repentinamente, los grillos saltaban más agresivamente de lo habitual en respuesta a la vibración (adicción al fármaco).

Dicho esto, los insectos no muestran necesariamente los mismos tipos de reacciones al dolor que los humanos. Por ejemplo, los insectos habitualmente no tratan de proteger sus partes del cuerpo dañadas. Pueden continuar con actividades normales en medio de un daño grave, como cuando una langosta continúa alimentándose incluso mientras es comida por una mantis. Como observa Jennifer A. Mathes, “Tampoco los humanos respondemos siempre con dolor a una posible destrucción de tejido: la radiación nuclear nos puede matar sin que sintamos nada”.

Los insectos pueden aprender

Las moscas de la fruta aprenden a evitar olores que han sido previamente asociados con descargas eléctricas y también buscan olores que previamente han anticipado un alivio de la descarga. También pueden aprender a evitar un extremo de un compartimento cuando el lugar es asociado con el calor, y retienen este recuerdo después de que el calor haya cesado.

Las abejas pueden valerse del olor para diferenciar cuándo sufrirán una descarga por tratar de alimentarse de sacarosa, así pues, evitan o retrasan alargar la lengua cuando prevén la descarga. Las abejas también muestran “conductas cognitivas que se creía que sólo ocurrían en algunas especies de vertebrados” incluyendo los conceptos de “semejanza” y “diferencia”. Las abejas pueden generalizar normas de olores a colores.

Las hormigas parecen recordar las restricciones de altura a lo largo del camino de vuelta a su hormiguero. Cuando se colocaba un límite de un centímetro de altura en un camino de hormigas, las hormigas cortaban trozos más pequeños y redondos de alimento antes de haber entrado en contacto con la barrera que después se encontrarían en el camino a casa.

Un estudio de 1986 concluía:

“Ahora no hay duda, por ejemplo, de que el aprendizaje asociativo es una capacidad común de algunas especies de invertebrados. De hecho, los rasgos de aprendizaje de alto nivel que se pueden observar en algunos invertebrados (especialmente abejas y babosas) compiten con los comúnmente observados en ejecutores tan brillantes en el laboratorio de vertebrados como palomas, ratas y conejos.”

A la luz de hallazgos sobre la cognición de los insectos, Peter Carruthers argumenta que “muchos invertebrados [como los insectos que navegan] poseen una psicología de planificación-creencia-deseo que es, en aspectos básicos, similar a la nuestra”. Añade:

“Aquellos que aceptan alguna forma de marco teórico utilitarista, en el cual la divisa moral básica consiste en frustraciones y satisfacciones de deseos y preferencias, encontrarán difícil resistirse a la conclusión de que se debe empatía al menos a algunos invertebrados, tal y como se le debe a otros seres humanos”.

Comportamiento social

La elaborada organización social de hormigas, termitas, abejas e insectos similares es bien conocida. Otras especies de insectos son también sociales en un grado más bajo, incluyendo algunos pulgones, escarabajos y cucarachas.

Las cucarachas viven juntas, reconocen a sus parientes y toman decisiones colectivas sobre la alimentación. Cuando las cucarachas crecen solas, muestran un “síndrome de comportamiento inducido por el aislamiento social, similar a los síndromes descritos en vertebrados” consistente en una menor exploración, alimentación reducida, menos interacción si después se les pone en contacto con otras, y una menor habilidad para evaluar potenciales parejas.

¿Pero son los insectos conscientes?

Los científicos distinguen la habilidad de simplemente percibir y responder al dolor, de la habilidad de sentir dolor conscientemente. Por ejemplo, si tocas un fogón caliente, un reflejo retira tu mano antes de que seas consciente de lo que ha pasado. El desempeño cognitivo y de aprendizaje de los insectos ayuda a mostrar que las respuestas de los insectos a estímulos dañinos no son siempre tan sólo reflejas. ¿Pero son los insectos conscientes como lo son los humanos y otros vertebrados?

Los insectos demuestran tener, de forma simplificada, varios de los comportamientos, habilidades o estructuras cerebrales que los vertebrados típicamente poseen. Es por ello que para muchas consideraciones de lo que debería ser el significado de “conciencia”, los insectos tenderán a ser débilmente conscientes.

De varias de las más prominentes teorías de la conciencia, científicas y filosóficas, se puede interpretar que implican que los insectos son al menos ligeramente conscientes. Por ejemplo, algunos neurocientíficos tienen la hipótesis de que la información integrada es crucial para la conciencia. Todos los insectos integran información en cierta medida. El modelo de la “fama en el cerebro” de Daniel Dennett sugiere que los procesos cerebrales son conscientes en tanto que tengan impactos duraderos en procesos posteriores. Esto es cierto para algunos acontecimientos en los cerebros de los insectos.

De hecho, muchos modelos de conciencia pueden ser implementados de formas triviales con menos de 10 neuronas, mientras que los insectos tienen entre 100.000 y 1 millón de neuronas.

Bruno van Swinderen encontró atención selectiva en moscas de la fruta, lo que sugiere que puede ser una de las “remotas raíces de conciencia”. Y estas son las palabras de Christof Koch, actualmente Director Científico en el Instituto Allen para la Ciencia del Cerebro:

No tenemos literalmente ni idea de a qué nivel de complejidad cerebral la conciencia deja de existir. La mayoría de la gente dice “Por favor, un bicho no es consciente”. ¿Pero cómo lo sabemos? Ya no estamos seguros. Yo ya no mato insectos sin necesidad. [...]

Probablemente lo que la conciencia requiere es de un sistema suficientemente complicado con una gran retroalimentación. Los insectos lo tienen.

Grados de conciencia

Si los insectos son conscientes, es plausible considerarlos “menos conscientes” que los vertebrados. Los humanos tienen al menos 100.000 veces más neuronas que la mayoría de los insectos. Pero, colectivamente, las mentes de muchos insectos pueden conformar algo bastante significativo moralmente.

Además, los cerebros de los insectos tienen un mayor efecto de lo que sus números de neuronas sugieren. Presumiblemente la inteligencia tiene alguna correlación con la conciencia, y a veces la inteligencia es pronosticada basándose en el tamaño del cerebro en proporción al tamaño del cuerpo, en vez de en el tamaño de cerebro absoluto. Un artículo añade:

Los análisis de redes neuronales muestran que rasgos cognitivos encontrados en insectos, como la capacidad de contar, la atención y procesos similares a la categorización, pueden requerir tan sólo de un número muy limitado de neuronas. Por lo tanto, el tamaño del cerebro quizá tenga una relación menor con el repertorio de comportamiento y la capacidad cognitiva de lo que generalmente se asume.[...].

En El origen del hombre Charles Darwin menciona:

los instintos, capacidades mentales y afectos maravillosamente diversificados en las hormigas son normalmente conocidos, y sin embargo su cerebro es más pequeño que un cuarto de la pequeña cabeza de un alfiler. Bajo este último punto de vista, el cerebro de una hormiga está formado por algunos de los más maravillosos átomos de materia del mundo, y quizás sea más maravilloso que el cerebro de un hombre.

Además, si los insectos tienen algún tipo de “experiencias”, sus vidas subjetivas deben de proceder a una velocidad mucho mayor que la de nuestros pensamientos de alto nivel, porque sus cerebros más pequeños pueden completar más rápidamente un ciclo de procesado. Se ha encontrado en vertebrados una tendencia de procesamiento de información visual más rápida con un cuerpo más pequeño.

Un aproximamiento precavido

Algunos científicos son reacios a atribuir sentimientos a los insectos. Miran con sospecha la común tendencia a antropomorfizar (no sólo a otros animales, sino incluso también árboles, piedras y osos de peluche). La ciencia actúa de forma conservadora, absteniéndose de conclusiones hasta que las pruebas acumulan un gran peso.

Sin embargo, cuando tomamos decisiones éticas, no deberíamos esperar a pruebas concluyentes. Deberíamos en cambio ser precavidos, valorando diferentes posibilidades y evaluando las consecuencias si cada una de ellas resultase ser cierta. Incluso si la probabilidad de que los insectos sientan dolor consciente es baja, si resulta que los insectos de hecho sienten, las consecuencias morales son muy significativas.

El entomólogo Jeffrey Lockwood pidió a sus estudiantes que anestesiaran a los insectos antes de experimentar en ellos. Él razonó:

Si usamos anestesia y resulta que los insectos no experimentan dolor, el coste material de nuestro error es muy bajo [...]. Sin embargo, si no usamos anestesia y resulta que los insectos estaban en agonía, entonces el coste moral de nuestro error es bastante alto.

La Asociación Americana de Medicina Veterinaria coincide:

“Mientras que hay un debate abierto sobre las habilidades de los invertebrados para percibir dolor o experimentar de otra forma cómo su bienestar se ve comprometido, las Directrices asumen que la sociedad garantiza y espera un aproximamiento conservador y humanitario al cuidado de cualquier criatura.”

Hay una literatura emergente sobre la eutanasia de insectos en los laboratorios, aunque la mayoría de los investigadores actualmente no prestan mucha atención al bienestar animal.

Cómo dañamos los humanos a los insectos

Algunas de las formas en las que dañamos a los insectos son obvias:

  • Pisándolos, aplastándolos en cubos de basura, dejándolos atrapados en casa para morir en las repisas de las ventanas, etc.
  • Los insectos pueden ahogarse en baldes de agua.
  • Andar en la hierba o hacer senderismo en los bosques puede aplastar insectos (de media, 1000 centímetros cuadrados de tierra contienen 750 insectos).
  • Podemos atropellar bichos cuando conducimos, especialmente durante la lluvia, cuando gusanos y babosas cruzan la carretera (los gusanos y babosas no son taxonómicamente insectos, pero son similares en muchos aspectos). El impacto contra los coches mata al menos tres trillones de insectos al año en EEUU.

Menos visiblemente, ciertos objetos de consumo dañan a los insectos:

  • Los gusanos de seda son gaseados y fumigados en el proceso de producción de la seda, matando aproximadamente 10.000 gusanos para producir un sari.a Ghandi se oponía a la seda convencional por este motivo.
  • La goma laca requiere 300.000 insectos de laca por cada kilogramo producido. La mayoría de los insectos podrían escapar antes de que el procesado de la goma laca comience, pero algunos quedan y son matados. La goma laca es usada en muchos productos, incluyendo algunos abrillantadores de muebles, maquillajes, tintas y glaseado de confitería en dulces (ver aquí qué dulces contienen y cuáles no contienen goma laca).

Los insectos también son dañados como comida:

  • Muchos dueños de mascotas dan de comer insectos vivos a reptiles y anfibios.
  • Los gusanos son clavados en el anzuelo como cebo vivo para peces.
  • Los humanos comen insectos en muchos países, a veces fritos, cocidos o al vapor mientras están vivos.
  • Los comedores de insectos aficionados occidentales pueden matar a su comida por asfixia, ahogamiento, asados o comidos crudos.

Sufrimiento de los insectos en la naturaleza

Incluso aunque los humanos matan al menos trillones de insectos al año, la mayor parte del sufrimiento de los insectos ocurre en la naturaleza. La población mundial de insectos se estima en alrededor de 1 a 10 billones de billones (aproximadamente un billón de insectos por cada humano). Aunque algunos de estos insectos viven durante varios años o incluso décadas, la mayoría de insectos adultos mueren en unas semanas o meses (ver la página 10 de este artículo). Según Jeffrey Lockwood, muchos insectos mueren por falta de comida, agua, calor… mientras que otros mueren a manos de “predadores, parásitos y patógenos”.

Además, la mayor parte de insectos nunca llegan a la edad adulta. Los insectos ponen decenas, centenas o más huevos por cada madre. En una población estable, como mucho dos de estas crías de media pueden reproducirse con éxito. Esta estrategia de “cantidad sobre calidad” para las crías es conocida como “la selección r”, e implica que casi todos los insectos mueren al poco tiempo de nacer. Aquí se puede encontrar un ejemplo de “tabla de vida” mostrando la mortalidad de las larvas del gusano elotero.

Incluso si las vidas de los insectos son en conjunto placenteras antes de la muerte (una suposición cuestionable, dadas las adversidades de la naturaleza) la experiencia de una muerte posiblemente dolorosa después de tan sólo unos días de vida de media no me da la impresión de ser un buen trato. Por supuesto, nuestra evaluación del equilibrio entre placer y dolor en las vidas de los insectos es antropomórfica. Puede ser que los insectos sufran relativamente menos de lo que nosotros sufriríamos con un daño comparable; una razón especulativa para esto es que cualquier insecto tiene una corta esperanza de vida por delante de él y bajas probabilidades de completar la reproducción, así que debería adoptar una tolerancia al riesgo de “ahora o nunca” y por lo tanto no debería verse limitado por una aversión excesiva al daño.

Pero no hay una razón a priori por la cual el balance de la vida salvaje debería ser bueno. Como escribió Richard Dawkins en El río del Edén:

La cantidad total de sufrimiento al año en el mundo natural va más allá de toda contemplación decente [...]. El universo que observamos tiene precisamente las propiedades que deberíamos esperar si, en el fondo, no hay diseño ni objetivo ni mal ni bien, nada excepto una ciega e inmisericorde indiferencia.

Combinando nuestras mejores suposiciones del bienestar de los insectos salvajes basadas en cortas vidas con la seriedad y el horror que conlleva el sufrimiento extremo, me parece que lo más razonable es asumir que las vidas de los insectos en la naturaleza son en conjunto dolorosas y que por lo tanto, en igualdad de condiciones, es mejor si nacen menos insectos. Por analogía, ¿comenzarías un embarazo si fuera muy probable que el bebé resultante muriera poco después de nacer y probablemente padeciera un sufrimiento neto en el proceso?

Los cambios que los humanos producen en las poblaciones de insectos

Un análisis de 2014 rastreó la abundancia de invertebrados por todo el mundo (incluyendo insectos) y encontró que el 67% de los tipos de invertebrados mostró un descenso medio de la población de un 45% en los 40 años anteriores. Durante el mismo período, la población humana dobló su número.

Las ciudades de todo el mundo cubren juntas un área de 1,5 veces el tamaño de la India. Dicho esto, los humanos se apropian de aproximadamente el 25% de la potencial biomasa de plantas, lo cual significa que los insectos tendrán menos comida y por lo tanto nacerán menos insectos.

Estas tendencias de pérdida de hábitat y fauna dañan a los humanos de hoy en día y a las generaciones futuras, mediante escasez de recursos y la consecuente inestabilidad social. Sin embargo, la reducción de nacimientos de insectos que implican es un resquicio de esperanza, que evita a corto plazo cantidades extraordinarias de sufrimiento de insectos. Deberíamos explorar si hay otras formas de reducir las poblaciones de insectos sin un peaje tan grande para los humanos.

Desafortunadamente, no todos los impactos humanos en el medio ambiente reducen las poblaciones de insectos. Se espera que el calentamiento global aumente en general la abundancia de insectos, porque el crecimiento de los insectos está íntimamente relacionado con la temperatura. Dicho esto, el impacto neto del cambio climático en el sufrimiento de todos los organismos salvajes es menos obvio.

No estoy seguro del impacto neto que los cultivos de cosechas tienen en el sufrimiento de los insectos. A corto plazo, la siembra de cultivos (arar y conducir sobre la tierra) y la cosecha (cortar plantas llenas de insectos) machaca a multitud de insectos. Por otra parte, la tierra cultivada tiende a producir menos energía para las plantas (y por lo tanto menos comida para los insectos) por hectárea de lo que produciría un bosque, lo cual implica que nacerán menos insectos de cortas y dolorosas vidas.

El impacto neto de los insecticidas tampoco está claro. Los insecticidas matan a la mayoría de los insectos en un campo cultivado, lo cual puede suponer miles o millones de insectos por hectárea. Por lo menos en humanos, el envenenamiento por insecticida puede ser relativamente doloroso. Por otra parte, todos esos insectos habrían muerto de todos modos de otras formas probablemente dolorosas, muchos de ellos con unas pocas semanas, y los insecticidas evitan que traigan a la existencia muchas más crías, la mayoría de las cuales habrían muerto unos días después de nacer.

Dada esta incertidumbre, es posible que la agricultura ecológica, que usa menos insecticidas, conlleve un sufrimiento total de insectos mayor, dada la mayor densidad de insectos en los campos cultivados. Por supuesto, las granjas ecológicas pueden usar su propio tipo de insecticidas, como el Bt, que mata a los insectos lentamente a lo largo de varios días.

En vez de eliminar el uso de insecticidas, podemos apuntar a hacer los insecticidas más humanitarios, estudiando qué tipos de químicos u otros agentes matan más rápidamente o con menos agonía pero no de forma menos efectiva.

Como nota al margen, debería explicar por qué creo que los insecticidas pueden ser buenos en balance pero aplastar insectos sanos (por ejemplo, en la acera) parece plausiblemente malo en balance. La razón es que cuando un insecto no cultivado (salvaje) es matado, la comida que habría comido queda entonces disponible para que la consuma alguien más, así que no está claro que haya habido ninguna reducción neta de la población de insectos mediante su muerte. En contraste, la comida que los insectos de cultivo se habrían comido es consumida por humanos, vacas, cerdos, etc, lo cual quiere decir que otros insectos no acabarán comiéndolo (excepto alguna porción de la fracción que es apartada). Este razonamiento se basa en un modelo en el que la población de insectos es proporcional a la comida, lo cual puede no ser preciso. Deberíamos desarrollar una mejor comprensión de las dinámicas de poblaciones de insectos para conformar decisiones normativas como estas. Mientras tanto, parece que el camino más seguro para reducir la población de insectos es realmente reducir la biomasa de plantas, pues es la “raíz” de la red alimentaria.

Formas de avanzar

La cantidad de sufrimiento potencial de los insectos en el mundo es prodigiosa. Incluso si sólo medimos la conciencia de los insectos en proporción al número de neuronas, los insectos aún prevalecen sobre los humanos: los insectos superan a los humanos en población por un billón a uno aproximadamente, mientras que las neuronas humanas por organismo superan a las neuronas de insectos por organismo por sólo un millón a uno aproximadamente. Y, tal y como se ha discutido más arriba, parece plausible que los cerebros de los insectos, más eficientes, merezcan un mayor peso moral por neurona. Además, las vidas de los insectos deben de contener un mayor sufrimiento extremo por día que las vidas de muchos de los humanos, especialmente considerando cómo de rápido mueren los insectos.

No deberíamos dejar que la inmensidad del problema nos lleve a la desesperación. Como dijo el niño en una versión modificada de “El niño que arrojaba estrellas”, ayudar a un sólo individuo supone una gran diferencia para ese individuo.

A corto plazo, nosotros como individuos podemos

  • elegir alternativas a la seda (Nota: soy escéptico con el hecho de que la “seda de la paz” sea una buena opción; yo me inclinaría hacia tipos de tela que no sean de seda)
  • elegir dulces, cosméticos, lacas de madera, imprimaciones, etc, que no contengan goma laca
  • considerar cubrir nuestro césped con grava para reducir las poblaciones de insectos
  • conducir menos, especialmente menos cuando la carretera está mojada
  • sellar nuestras casas y cubos de basura para prevenir infestaciones de insectos
  • hablar y bloguear sobre la importancia de la reducción del sufrimiento de insectos.

A medio plazo, los investigadores pueden

  • estudiar cuánto sufren los insectos debido a diferentes eventos, como deshidratarse, el frío, la predación y los insecticidas
  • examinar cómo varios impactos medio ambientales humanos cambian la cantidad neta de poblaciones de insectos a largo plazo (por ejemplo, cultivos, el pastoreo de ganado, el calentamiento global)
  • proponer estrategias para reducir el sufrimiento de los insectos sin demasiados efectos secundarios en los humanos y otros animales.

A largo plazo, la humanidad debería

  • incorporar el sufrimiento de los insectos como una externalidad en los cálculos económicos y políticos
  • entablar un debate sobre la relativa importancia de evitar el sufrimiento de los insectos versus el mantenimiento de otros valores, como la biodiversidad
  • pensar dos veces antes de extender el sufrimiento de los insectos salvajes a nuevos ámbitos, especulativamente incluyendo otros planetas que pueden ser terraformados en las próximas decenas de milenos
  • considerar las implicaciones éticas de los insectos virtuales, incluyendo la “carga” de cerebros de insectos e inteligencias artificiales parecidas a las de los insectos que emergerán en las próximas décadas.

Original text

This is a Spanish translation of "The Importance of Insect Suffering".

Notas al pie

  1. ¿Cuánto sufrimiento implica esto a gran escala? Tomemos Italia como ejemplo: “En 1997, Italia importó unas 3200 toneladas de seda cruda [..].” Y “Un sólo sari debe de pesar unos 1.45kg o más dependiendo del peso de la seda y el zari usado.” Supongamos que para hacer un sari se toman, digamos, 3kg de seda cruda. Entonces las importaciones de seda cruda de Italia serían equivalentes a (3200 toneladas métricas de seda cruda / año) * (1000kg / tonelada métrica) * (1 sari / 3kg seda cruda) * (10.000 gusanos de seda gaseados o fumigados / sari) = 1.1 * 1010 gusanos gaseados o fumigados por año, esto es, alrededor de 11 billones por año.
    Supongamos que una campaña contra la seda en Italia de 1 millón de dólares americanos pudiera reducir este número alrededor de un 1% en tan sólo 5 años. Entonces salvaría (110 millones de gusanos por año) * (5 años) / (1 millón $) = 530 gusanos por dólar, o unos 5 gusanos por penique.  (back)